Pan, Tierra y Libertad

Francisco Javier Blanco
Fundación Luis Muñoz Marín
20 de agosto de 2003


En una isla pequeña y sobrepoblada como Puerto Rico, la tierra cobra una importancia crítica. Para sus habitantes significa la supervivencia misma.Sin tierra, la naturaleza tampoco sobrevive. Por tanto, es vital la protección de la naturaleza de esta isla ejerciendo controles efectivos y duraderos sobre sus terrenos.

En el mil novecientos treinta y ocho cuando Don Luis Muñoz Marín hace el llamado a una revolución pacífica, bajo el lema de Pan, Tierra y Libertad, está reconociendo la importancia de la tierra. Dadas las circunstancias de Puerto Rico en aquel entonces, especialmente los atropellos en cuanto a tenencia de terrenos, entre ellos, los desahucios y ejecuciones de hipotecas, Don Luis no estaba pensando en la protección de la flora y la fauna, sino en la dignidad del puertorriqueño, esa dignidad cifrada en el empleo honroso y en la seguridad que presta ser dueño, poseer el espacio, el predio de terreno donde ubicar su hogar, dejar de ser agregado y convertirse en propietario.

Este pensamiento lleva a lo que se llamó la Reforma Agraria que fue la fragmentación parcial de los grandes latifundios azucareros y cafetaleros. Se pone en vigor la 3Ley de los 500 Acres" asunto que ya estaba definido tanto en la Ley Foraker como en la Ley Jones.

El instrumento que se utiliza para estos propósitos es la Autoridad de Tierras, una corporación pública que se crea bajo el Departamento de Agricultura. El Programa de Servicios Sociales de la Autoridad estuvo a cargo de la repartición de tierras en parcelas a individuos para vivienda y para pequeñas fincas agrícolas. Las personas que participaban de estos programas, disfrutaban sólo del usufructo sobre el terreno, no poseían título de propiedad.

El uso de la tierra requiere orden, disciplina. En el 1942 se crea por ley la Junta de Planificación y se le asigna la gestión de velar por el mejor uso de los terrenos de la isla. Esta ley le otorgó a la Junta la responsabilidad de guiar y controlar el proceso de planificación del desarrollo y crecimiento físico, y económico de Puerto Rico. A esos efectos, la Junta debía establecer mapas y velar por el cumplimiento de los reglamentos de zonificación y los planos maestros y reguladores sobre el uso de terreno en toda la isla. Desdichadamente los planos maestros y reguladores nunca se hicieron públicos; y la zonificación, mecanismo imperfecto, limitado, frívolo de por sí, y susceptible de cambios y modificaciones fue circunscrito a la zona urbana. La zona rural quedó fuera de los controles, de la Junta, expuesta al desarrollo. El resultado de esa decisión es obvio y lo sufrimos hoy.

Por otro lado, la gestión de conservación de los recursos naturales estuvo desmembrada. El Departamento de Salud tenía la responsabilidad de velar por la calidad de las aguas. El Departamento de Obras Públicas se encargaba de reglamentar el uso del límite marítimo-terrestre, y los terrenos de dominio público, y de la explotación y extracción de la corteza terrestre. El Departamento de Agricultura por su parte estaba a cargo de velar la caza y pesca y los bosques estatales. Estos últimos, cabe señalar, el mismo número y con la misma cabida con que se heredaron de la Corona de España con el cambio de soberanía.

En 1942 también se inicia el programa de fomento industrial en Puerto Rico, y la Junta de Planificación, con la autoridad en ley y la responsabilidad de velar por el mejor uso de la tierra, se encuentra maniatada con relación a las zonas rurales y los terrenos agrícolas; y sufre el embate continuo de las instrumentalidades y corporaciones públicas a cargo del desarrollo industrial. Así vemos como los argumentos de un Teodoro Moscoso sobre el desarrollo y creación de empleos son más contundentes y arrolladores que los de una Junta de Planificación. Resultado, plantas farmacéuticas en medio de campos de piña, refinerías rodeadas de platanales, hoteles en el mismo límite marítimo-terrestre.

El auge económico impulsado por la industria y el aumento en el poder adquisitivo del puertorriqueño desata una gran demanda por la vivienda, turismo, comercio, industria, salud, educación y el automóvil, creando así unas graves presiones sobre nuestro más escaso recurso, la tierra.

Si bien la prioridad primordial de Luis Muñoz Marín era mejorar las condiciones sociales, económicas y políticas de sus conciudadanos, existen varios indicios de su preocupación ante la amenaza que representan las extremas presiones sobre los terrenos y los demás recursos naturales.

La Sección 19 del Artículo VI de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico dispone: 3Será política pública del Estado Libre Asociado de Puerto Rico la más eficaz conservación de sus recursos naturales...etc."

En el 1962, Don Luis crea la Administración de Terrenos, mediante una legislación visionaria de avanzada, que causó una gran polémica en el país.

Se fundamenta dicha ley en la necesidad de ponerle coto a la concentración y acaparamiento de terrenos con fines especulativos, otorgándole a la Administración de Terrenos poder de expropiación de terrenos para uso futuro. La Administración viene a ser, por así decirlo, un banco de reserva de terrenos. La Administración es quien adquiere los terrenos para proteger las Cuevas de Camuy, los únicos terrenos adquiridos para propósitos de conservación desde el cambio de soberanía.

Desdichadamente, el potencial de la Administración de Terrenos no ha sido explotado en su capacidad; se ha concentrado, más bien, a servir como agente de bienes raíces para otras agencias de gobierno. La Administración se ha relegado ha estas funciones por miedo al estigma que lleva desde su concepción, de ser una agencia comunistoide. Esta es una de las razones que le ha impedido ser el motor de un desarrollo de terrenos, sabio, ordenado y diverso.

Ese mismo año, 1962, o poco después, Don Luis le da su endoso a la medida propuesta por Ramón García Santiago entonces Presidente de la Junta de Planificación para que se establezca una moratoria en la consideración de consultas de uso de terreno hasta que se adoptasen unas guías para el desarrollo poniéndole temporeramente freno a la construcción.

La creación de la Ruta Panorámica que cruza de Yabucoa al este hasta Mayagüez al oeste a través de la Cordillera Central es el proyecto relacionado con la naturaleza con el que más se asocia el nombre de Luis Muñoz Marín. Su idea original era sencilla.S propuso utilizar tramos de las viejas carreteras de copiosas arboledas y angosto rodaje a través de las montañas, como matriz de la ruta y unir estos segmentos con secciones nuevas para hacer un circuito. Lo que terminó construyendo el Departamento de Obras Públicas está totalmente apartado de la visión que él tenía. Alguna información sobre el desastre le tiene que haber llegado a Roma pues a semanas de pasada la toma de posesión en el 1973, Doña Inés me pidió que organizase un viaje por toda la Ruta. Don Luis invitó al viaje a un número de miembros del recién nombrado gabinete, entre ellos a Dennis Hernández, el Secretario de Obras Públicas, varios periodistas de su confianza y a su amigo Ramón Enrique Bauzá. Este viaje le permitió a Don Luis ver como desaparecían los paisajes de Puerto Rico. Los planos de la Ruta Panorámica, en vez de proveer para la protección de vistas, de vegetación, de recodos, de paisajes íntimos, proveía para un tránsito a 50 millas por hora, para hoteles y restaurantes, e incluso, para consulados y funerarias. La Ruta Panorámica había logrado lo que Don Luis no quería, exponer el corazón de la Isla a la segregación de los campos de la altura en parcelas de 2 y 5 cuerdas. Ya al segundo día, después de pasar la noche en el Hotel Barranquitas, tal parece que no pudo más y dijo: 3No teníamos que ganar a San Lorenzo", refiriéndose a la promesa de campaña de vender el título de las parcelas por un dólar y las consecuencias que eso traería.

Aparte de su genuina preocupación por el uso de los terrenos y por la necesidad de proteger nuestros recursos naturales, a mí, personalmente, me brindó su apoyo total en la obra del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico. En 1973 le visité aquí, en su oficina, para informarle que había vacante en la junta de fiduciarios del Fideicomiso y de mi intención de someter el nombre de Doña Inés al Gobernador y al Secretario de lo Interior de los Estados Unidos para llenarla. Sin vacilar un segundo, me dijo que lo hiciera, que hablara con ella, y que él se encargaría de convencerla pues ella no había hecho nada desde que había dejado de ser maestra.

A Don Luis se le debe que el Fideicomiso haya podido proteger la Hacienda La Esperanza de Manatí. Su amigo Juan Dávila Díaz le informó que la estaban comprando unos desarrolladores, todos populares, pero que el Fideicomiso estaba interesado en comprarla para conservarla. No tardó en llamarme para que le viniera a ver y le diera un informe. No bien terminé de explicarle el alcance de nuestro proyecto, Don Luis, en mi presencia, llamó al Gobernador y le pidió que no considerase los planes de desarrollo que ya estaban en manos de sus ayudantes en La Fortaleza, a lo cual el Gobernador accedió. Así, el Fideicomiso logró salvaguardar uno de los más hermosos parajes de la costa norte de Puerto Rico. Por eso, La Esperanza es hoy una gran reserva natural y no un ejemplo más de hoteles fracasados.

Para terminar, recuerdo que un día, en el bohío, hablando de todo el desorden del desarrollo, me dijo: "Yo debí haber nombrado a Teodoro Secretario de Agricultura". Así reconocía Don Luis que la agricultura es uno de los mejores y más eficaces custodios de la tierra, del paisaje y la naturaleza.





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